João Fonseca tiene 19 años y una espalda que empezó a generar el problema de hoy hace 5 años.

Una fractura en la columna por estrés a los catorce años, una columna sin curva y un deporte que rota siempre hacia el mismo lado. Lo que este caso enseña sobre tu propia espalda.

En enero de 2026, João Fonseca se retiró del torneo de Brisbane por un problema lumbar. Días después se retiró también del de Adelaida. En febrero, en Buenos Aires, el problema volvió a aparecer.

Tiene 19 años.

En rueda de prensa lo explicó él mismo: nació con algo en la espalda, ya tuvo una fractura por estrés hace cinco años, y es algo que se va a quedar en su cuerpo. Su equipo lo confirmó en un comunicado: tiene la columna rectificada, sufrió esa fractura siendo juvenil, y la zona lumbar es el área más sensible de su cuerpo.

Vamos a detenernos en ese dato, porque es el que casi nadie ha subrayado.

Una fractura por estrés a los catorce años.

No un golpe. No una caída. Una fractura por acumulación, en un cuerpo que todavía estaba creciendo.

Qué es una columna rectificada

Tu zona lumbar no es recta. Tiene una curva hacia dentro, una lordosis, y esa curva no es decorativa: es un mecanismo. Una columna en arco reparte la carga a lo largo de la curva y amortigua. Una columna recta la recibe de forma mucho más directa.

Cuando esa curva se pierde o se reduce lo que se llama hipolordosis o síndrome de espalda plana la lumbar pierde parte de su capacidad de amortiguar. El resultado no es dolor inmediato: es menos margen. Menos tolerancia a la carga que se acumula.

Y ahora súmale a esa columna un deporte concreto.

Qué le pide el tenis a una lumbar

Hay cuatro exigencias, y las cuatro caen en el mismo sitio.

El saque. Es el gesto crítico. Combina extensión de la lumbar, rotación e inclinación lateral, todo a la vez y con transferencia explosiva. Esa combinación es la que más carga los elementos posteriores de la columna. Un tenista profesional la repite cientos de veces por partido y decenas de miles al año.

La rotación siempre hacia el mismo lado. Un derechazo se ejecuta en una dirección. Un revés, en la otra, pero con una mecánica completamente distinta. El resultado es que el cuerpo pasa años rotando de forma asimétrica. Ningún deporte simétrico produce eso.

Las frenadas laterales. El tenis es aceleración y desaceleración constante en cambios de dirección. Esa desaceleración la absorben los aductores, la pelvis y el cuadrado lumbar. Es el mismo cinturón que estabiliza la columna.

La posición de espera. Semiflexión de cadera y rodilla, tronco adelantado, peso en el antepié. Sostenida y repetida durante horas. El cuádriceps trabajando en acortamiento, los erectores lumbares en tensión permanente.

Él mismo lo dijo: el dolor aparece sobre todo en los movimientos de rotación y cuando ataca. Es exactamente lo que la biomecánica del gesto anticipa.

La cadena que casi nadie mira

Y hay una capa más, que es la que a mí me interesa de verdad.

En un deporte multidireccional, la propulsión vive en la cadena posterior: glúteo, isquiotibiales, gemelo. Ahí está el motor. La estabilización, en cambio, la sostiene en buena parte la cadena anterior de la pierna, trabajando en frenado, cuádriceps principalmente.

Cuando un cuerpo pasa una década entrenando ese patrón, el motor se desarrolla y se acorta. Y una cadena posterior dominante y acortada tira de la pelvis hacia atrás.

Una pelvis en retroversión mantenida es una lumbar que pierde su curva.

No estoy diciendo que eso sea lo que le pasó a él: su equipo describe una condición presente desde su nacimiento, y ellos tienen las pruebas. Lo que digo es más general y más útil para ti: una espalda plana no siempre viene de fábrica. Muchas se fabrican.

Lo que esto tiene que ver contigo

Ahora la parte que importa, porque tú no juegas al tenis.

Tú también tienes un gesto que repites miles de veces y que nunca has contado. Y tú también lo haces siempre hacia el mismo lado.

El bolso que cargas siempre en el mismo hombro. El giro que haces siempre hacia la derecha para alcanzar el mostrador. El lado por el que te levantas de la cama desde hace veinte años. La mano con la que coges a tu hijo. La pierna sobre la que descargas el peso cuando estás de pie hablando.

Ninguno de esos gestos te va a hacer daño hoy. El problema no es el gesto: es el número.

Y la espalda plana tampoco es exclusiva de los tenistas. La silla la fabrica igual de bien. Muchas horas sentado con la pelvis rodada hacia atrás son, funcionalmente, muchas horas enseñándole a tu lumbar a perder su curva.

La lección de los catorce años

Vuelvo al dato del principio, porque es el que resume todo.

A los catorce años, ese cuerpo ya estaba acumulando más carga de la que podía procesar. Nadie lo vio venir, porque las fracturas por estrés no avisan: aparecen cuando el margen ya se agotó.

Tu espalda a los cincuenta no la decide lo que hagas a los cincuenta. La decide, en buena parte, lo que hiciste y lo que dejaste de hacer treinta años antes.

Lo bueno es que eso funciona también hacia delante. Lo que hagas este año no te va a quitar el dolor esta semana. Pero es lo que va a decidir cómo estás dentro de diez.

Tres preguntas

  1. ¿Cuál es tu gesto asimétrico? El que repito cientos de veces al mes sin darme cuenta.
  2. ¿Cuánto tiempo paso con la pelvis rodada hacia atrás? Suma sofá, coche y silla de trabajo. El número suele asustar.
  3. ¿Mi espalda amortigua o solo aguanta? Si al final del día te duele estar de pie, ya sabes la respuesta.

Este artículo se basa en declaraciones públicas del jugador, comunicados de su equipo e información de prensa deportiva. No constituye un diagnóstico ni una valoración clínica de su caso, y no cuestiona el criterio de los profesionales que le atienden.

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